Parece que sea una especie de tradición personal… cada vez que he cambiado de trabajo ha sido en Noviembre, como una especie de regalo de cumpleaños. Con ello los nuevos retos profesionales se empiezan a materializar en año nuevo, como una especie de renovación. La verdad es que a nivel personal este 2007 ha sido un año fabuloso: con la compra de este piso me vuelvo a sentir otra vez en un hogar, el trabajo este año ha sido bueno y el cambio augura un año aún mejor, en el terreno sentimental va sobre ruedas…
Así que toca disfrutar de todo ello. Y de hecho el nuevo trabajo me acerca un poco más a la ciudad. Hasta ahora me limitaba a bajarme en Verdaguer y andar una manzana. No es una zona que ofrezca grandes encantos, aunque un par de edificios del Paseo de Sant Joan son dignos de ver… pero la nueva ubicación, en el World Trade Center, me hace recorrer diariamente la distancia que separa la estación de metro Drassanes de la zona donde atracan los barcos de cruceros o el ferry hacia Mallorca. Puedo disfrutar de amaneceres al final de la Rambla, oler y oir el palpitar del puerto, y cuando salgo por la tarde andar un poco más y perderme por el casco antiguo.De hecho esto mismo he hecho esta semana aprovechando que había quedado más tarde y tenía una hora suelta.
Subiendo por la Rambla me di cuenta que las luces de Navidad ya estaban puestas y encendidas, las calles que mueren aquí ofrecen sus encantos con luz y barullo para atraer la curiosidad de los que no tenemos prisa por llegar a ninguna parte.
Bastante arriba giré por Portaferrissa y terminé en la Catedral donde la Fira de Santa Llúcia, el mercado de Navidad, ha abierto sus puertas un año más. No creo que haga Pessebre ya que no tengo mucho espacio donde ponerlo, pero siempre es un gustazo dar una vuelta por ahí y ver todas esas miniaturas y figuritas.

